El Aloe Vera se ha usado a lo largo de la historia de la humanidad, hasta nuestros días, tanto en el tratamiento de enfermedades como en la cura de la piel y del cabello. Los chinos fueron los primeros en usar el aloe. En el antiguo Egipto era comúnmente utilizado, y se referían al aloe como la planta de la inmortalidad, incluyéndolo entre los regalos funerarios enterrados con los faraones. Alejandro Magno conquistó la isla Socotorra, al sur de Arabia, por la gran abundancia de Aloe, que serviría para la curación de heridas y enfermedades de sus soldados durante las conquistas.
En España a lo largo de la ribera del Mediterráneo, el Aloe era elemento esencial de la medicina popular, hasta que su uso generalizado en la farmacia moderna, lo dejó en el olvido con la mayoría de las plantas medicinales (Hoy día conocemos personas mayores que nos explican cómo sus padres lo cultivaban para usar sus virtudes medicinales) Los Aloes de España, proceden del continente Africano. Si bien es cierto que se ha conservado su uso casero a lo largo de las generaciones y de la cultura de los pueblos, no es hasta el fin de la IIª Guerra Mundial que redescubrimos el poder terapéutico del Aloe, al comprobar que los habitantes de Hiroshima y Nagasaki, los cuales padecieron quemaduras, después de un tratamiento con Aloe, se curaban más rápidamente y en muchos casos, sin señales ni cicatrices. En los últimos años se han realizado, y se están llevando a cabo, diversas investigaciones sobre los efectos del aloe. Últimamente están surgiendo en el mercado multitud de productos, especialmente cosméticos, que poseen en su composición jugo de Aloe Vera y hasta inclusive se esta empezado a imponer en cierto tipo de tejidos, que estén en contacto con la piel y que llevan imprigmación de este material.
Es una planta perteneciente a la familia botánica de las Liliáceas. Es rica en vitaminas, aminoácidos y enzimas. La palabra "aloe" deriva probablemente del árabe "alloeh", que significa "sustancia amarga" o bien del griego "Alos" que significa "mar".
Sequedad de la piel, manchas en la piel, irritaciones cutáneas, quemaduras, acné, eccemas, verrugas, psoriasis, torceduras, esguinces, dolores reumáticos, artritis, úlceras bucales, gastritis, úlceras gastroduodenales, síndrome del colon irritable y flatulencias
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