Firmeza y adaptabilidad, en contra de la creencia popular

A la hora de buscar la confortabilidad en un equipo de descanso, la experiencia indica que en el término medio está la virtud. Tras años en los que la creencia popular y la publicidad poco rigurosa fueron claves incluso para influir en la opinión médica, se ha demostrado que lo mejor para un descanso sano y confortable es optar por una firmeza adaptable.

La dureza o la firmeza de un colchón es un factor fundamental para conseguir un buen descanso. La creencia popular siempre ha dicho que, para evitar o mitigar dolores lumbares, el colchón debía ser duro.

Esto que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un mito y se ha dado como verdad, no es más que la consecuencia de la aparición de los muelles cilíndricos a principios del siglo pasado, sobre los que se colocaba un colchón de lana.

La única base sólida de este somier estaba en los laterales, por lo que los muelles se desplazaban horizontalmente y el colchón se deformaba en su zona central, generando dolores de espalda. Para contrarrestar este efecto, los expertos empezaron a recomendar camas duras para dormir probablemente haciendo referencia a la colocación de un tablón de madera sobre el somier para evitar esta deformación central.

Esta recomendación se simplificó hasta entender que el colchón debía ser duro y ha permanecido hasta nuestros días, a pesar de las mejoras en el sector del muelle y la aparición de otros sistemas de descanso. 

Un estudio determinante

Sin embargo, un estudio de la Fundación Kovacs, asociación que estudia los problemas de la espalda, demostró que un colchón muy duro no es recomendable para personas con dolores de espalda. Este estudio, realizado a 313 personas con lumbalgia inespecífica crónica, evidenció que los colchones de firmeza intermedia son los más aconsejables.

En el estudio, los participantes se dividieron en dos grupos. A unos se les colocó un colchón muy firme (2,3 puntos de la Escala del Comité Europeo de Estandarización que va, de más duro a más blando, de 1 a 10) y los miembros del otro grupo se instalaron en un colchón de firmeza media (5,6 puntos de esta escala).

Los resultados demostraron que sólo por cambiar de colchón entre un 30% y un 40% de los participantes de ambos grupos abandonó la medicación.

Pero, además, en el grupo que recibió un colchón de firmeza intermedia el dolor en la cama se mitigó 2,4 veces más, el dolor al levantarse 1,9 veces más y el grado de incapacidad física 2,1 veces más. Un resultado sorprendente que ayuda a entender la importancia de la elección de un buen colchón.

Tras este y otros estudios, los especialistas recomiendan que el colchón óptimo para un buen descanso debe mantener un equilibrio entre firmeza y suavidad. Un colchón duro produce demasiada tensión en la espalda mientras que un colchón blando curva mucho la columna y provoca tensión en los músculos al intentar reponer la posición natural del cuerpo.

Y es que, al acostarnos, el cuerpo no reparte el peso en partes iguales sino que siempre hay zonas más pesadas que otras. Concretamente, las partes con más peso son los hombros y la pelvis. Precisamente en estas zonas un colchón óptimo para el descanso debe restar firme mientras que en las zonas más ligeras debe ceder un poco para que estas partes no encuentren resistencia.

Un buen colchón debe mantener apoyada de manera homogénea todas las partes del cuerpo. En líneas generales, los colchones viscoelásticos cumplen con las normas esenciales en descanso: firmeza media y alta adaptabilidad. Por eso, son los más recomendables.

Sin embargo, en la elección final siempre dependerán las circunstancias personales de cada usuario. En este aspecto es fundamental la opinión médica. Por ejemplo, en personas con ciertas patologías como la escoliosis, los expertos recomiendan colchones más firmes. Por otro lado, en casos de pacientes con fibromialgia se aconseja dormir sobre un colchón suave en firmeza. Sin embargo, tanto en el primer como en el segundo caso, se aconseja que el colchón firme o blando se combine con una gran adaptabilidad, es decir, que permita una buena acogida de todos los puntos del cuerpo.

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