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El sueño infantil

Desde que nacen hasta que alcanzan cierta madurez, los niños son propensos a hacer de las noches auténticas guardias de cuartel. Buscar las posibles causas para aportar soluciones es fundamental para evitar que este problema no vaya más allá de la vida familiar.

Riiing!. Suena el despertador. Papá y mamá no se pueden levantar. Lejos de tiempos pasados en los que, como cantaba la letra de Mecano, la falta de energía era consecuencia de fines de semana de auténtica locura y diversión, ahora papá y mamá no pueden más. Esta noche ha sido movidita y el niño se ha despertado hasta cuatro veces. Que si el chupete, que si tenía hambre... Ésta es una situación bastante normal en la mayoría de los hogares españoles.

La imposibilidad de conciliar el sueño por parte de los más pequeños o los continuos despertares durante la noche merman la capacidad de respuesta de unos padres que empiezan el día con ganas de que llegue ya a su fin mientras que, al mismo tiempo, saben que una vez vuelva la noche empezará la locura de saber qué le ocurre a su hijo durante las horas establecidas como “descanso”. ¡Qué descanso!. Esta situación de estrés nocturno unida al ritmo de vida que generalmente llevan los miembros adultos de la familia puede desembocar en una grave crisis a la que deben hacer frente padres e hijos. Crisis que si no se coge a tiempo puede afectar incluso a la vida laboral de los progenitores.

Indudablemente, el insomnio infantil es una de las dificultades más negativas de quienes son padres. Como problema, en el mercado se pueden encontrar un sinfín de soluciones de venta en farmacias o también en quioscos, donde hay multitud de libros especializados en esta situación. Sin embargo, en cada caso particular es necesario aunar un exhaustivo control sobre el niño y una buena dosis de paciencia.

Las causas de este problema son muchas y muy dispares entre ellas, por lo que es vital la colaboración mutua entre ambos padres y un gran interés por conocer los problemas de su hijo. En todo ello es clave la edad del pequeño.

Bebés: la adaptación al ritmo de la vida

En los recién nacidos, sus continuas interrupciones al sueño paterno son habituales y entran dentro de la normalidad. Son un síntoma vital, una necesidad. Su estómago pequeño asimila muy rápidamente la leche por lo que necesita mamar cada ciertas horas. Sus intereses alimenticios chocan con los de sus padres que entienden la noche como su momento de descanso mientras que su pequeño aún no tiene claro cuál es la diferencia entre el horario diurno y nocturno. Los bebés funcionan a otro ritmo. Su vida empieza ahora y se deben adaptar a ella. Sin embargo, su fragilidad les otorga la potestad para rediseñar la vida de unos padres que se deben adaptar a sus horarios y necesidades.

En este momento es cuando son claves algunas preguntas como ¿Lactancia materna o biberón?, ¿El niño duerme con los padres?, etc. Sin entrar a valorar todas las ventajas que puede suponer alimentar naturalmente a un niño, lo cierto es que en esta situación el padre puede ayudar muy poco en el descanso de la madre, pues la dependencia hijo-madre se convierte en total y absoluta mientras dure el periodo de lactancia. Esto quiere decir que la madre debe olvidar sus horarios y adaptarse a los de su hijo, de forma que duerma mientras el niño duerme y se mantenga despierta cuando el niño le solicite sus servicios alimentarios.

Sin embargo, por muy difícil de soportar que pueda parecer esto, se trata de una situación con fecha límite. Durante los tres primeros meses el bebé necesita alimentarse como máximo cada cuatro horas. Sin embargo, a partir del tercer mes se pueden alargar sus tomas nocturnas hasta reducirlas a una o dos por noche, mientras que al medio año de vida su sueño se parece mucho más al de una persona adulta. Por el contrario, está demostrado que la lactancia materna aporta unos vínculos muy fuertes entre madre e hijo.

La otra cuestión, dónde duerme el pequeño, presenta varias posibilidades. Por un lado, hay expertos que opinan que los pequeños deben independizar en cuanto antes su zona de descanso de la de sus padres. Entre ellos destacan quienes consideran fundamental que su habitación esté pintada con tonos suaves que les ayuden a conciliar el sueño.

Hay otros especialistas que consideran que los bebés deben pasar cierto tiempo con los padres, acogiéndose además a la cultura popular por la que los pequeños duermen con sus progenitores durante los primeros meses de vida. De esta manera, los padres se sienten más seguros y disfrutan de una situación más cómoda, pues cuando el pequeño reclama su toma nocturna no deben salir del dormitorio principal.

Lo que sí que parece claro para unos y otros es que el hecho de compartir cama padres e hijos puede generar más problemas que beneficios, pues el bebé corre el peligro de asfixiarse con los cuerpos de sus progenitores. Desde su nacimiento, el pequeño debe tener su propia cuna. Además, un buen sistema de descanso es fundamental.

En este sentido, muchas veces se heredan cunas entre hermanos, primos o conocidos. Se debe tener mucho cuidado con eso, pues las herencias pueden traer consecuencias desagradables. Un colchón tiene fecha de caducidad y, si la diferencia entre usuarios es muy grande, puede convertirse en un lastre para los pequeños que, en definitiva, van a pasar muchas horas al día en esta superficie. Aunque se aproveche el mueble, no está de más cambiar el colchón de los niños, pues con el paso de los años los sistemas de descanso desarrollan nuevas tecnologías para hacer de estos elementos auténticos diseños punta.

El insomnio infantil

A medida que pasa el tiempo, las necesidades del bebé deben ir espaciándose y su horario nocturno se debe adaptar al de sus padres. Cuando esto no ocurre es cuando lo que hasta el momento era una situación normal, se convierte en un problema que se debe solucionar. Es aquí cuando las posibilidades se multiplican tanto en la causa del problema como en la solución que se puede aportar. Las causas del insomnio infantil pueden ser tanto físicas como psicológicas. El comportamiento de los padres hacia ellas debe ser totalmente distinto, pues mientras con las primeras la responsabilidad del pequeño es mínima, en las segundas es necesaria cierta autoridad y poder de convicción para solucionarlas.

Dentro de las causas físicas, una de las patologías más comunes son los cólicos infantiles. Son fáciles de observar pues, junto a los lloros, el bebé tiene ruidos abdominales y estira impulsivamente sus extremidades. En estas ocasiones, papá y mamá deben entender que el pequeño no tiene la culpa y que por tanto, lo único que pueden hacer es envolverlo y darle calor hasta que se le pase. Junto a los cólicos, muchas veces los recién nacidos tienen gases, situación que se puede solucionar colocándolos en vertical y practicándoles un suave masaje por la espalda. Una buena medida preventiva es hacer que sus cenas no sean muy copiosas, ya que una mala digestión también puede desembocar en una mala noche.

Un simple catarro también puede provocar noches de insomnio en casa. La tos y los mocos pueden ser muy molestos cuando el pequeño todavía no tiene la suficiente capacidad para defenderse de tan terrible incordio. En este sentido, además de los trucos caseros como la colocación de una cebolla partida en la habitación, es conveniente instalar algún humidificador en el ambiente mientras se sigue al pie de la letra las instrucciones del pediatra. Junto a los resfriados, hay otras dolencias realmente incómodas para los pequeños. Este es el caso de las infecciones, los dientes, el dolor de oídos o simples erupciones o eccemas en los que, además de intentar calmar el picor que producen, hay que evitar que se hagan heridas en la piel.

Asimismo, la falta de sueño puede residir en una serie de trastornos emocionales. Los pequeños dentro de su ignorancia tienen una visión de lo que les rodea que mezcla fantasía y realidad. En este sentido, todo lo que les afecta lo magnifican y lo trasladan a su propia personalidad. Por eso, situaciones más o menos extraordinarias se convierten en la excusa perfecta para que su subconsciente les juegue una mala pasada y sus nervios se conviertan en el comentario más escuchado de la noche. Por ejemplo, la inminente llegada del día de su cumpleaños se puede vivir con una ilusión tremenda pero también con mucha expectación. Esto se traducirá en nerviosismo durante el día y falta de sueño o dificultad para dormir durante la noche. La solución no es otra que tranquilizarle y, de alguna manera, intentar explicarle que esta situación extraordinaria no tiene por qué afectarle.

Además, y aunque parezca todo lo contrario, los niños coinciden con los adultos en que un exceso de cansancio puede provocar incapacidad para dormir. En este caso se aconseja que, aunque durante el día el pequeño haya mantenido una enérgica actividad, instantes antes de acostarse se le dedique un tiempo para que su cuerpo y su mente se relajen. Este puede ser el momento idóneo para que papá o mamá le lean un cuento o le canten una canción mientras le ayudan a meterse en la cama. Tras esta tarea, su cuerpo y su mente alcanzarán los niveles idóneos para disfrutar de un sueño reparador. En este sentido, junto a la lectura de un cuento hay otras actividades que se deben convertir en pasos básicos para ir a la cama y que diariamente se deben cumplir como una condición necesaria. La colocación del pijama, el lavado de los dientes y el deseo de buenas noches hacia los que le rodean se convertirán en las pruebas para llegar al triunfo final, el sueño. Ocuparse de estos pasos básicos es tarea tanto del niño como de los padres que deben procurar que el pequeño cumpla con estos hábitos diariamente.

De las pesadillas al sonambulismo

El verdadero problema reside cuando el rey de la casa se despierta por las noches sin causa física aparente y con una gran ansiedad. Esto es síntoma de la aparición de las famosas pesadillas y terrores nocturnos que se convierten en dueños de la vida de la casa. Una pesadilla no es más que una situación de sueño unida a una gran ansiedad. El problema reside en localizar el por qué de esta ansiedad y en encontrar el sistema de que desaparezca. Un adulto cuando tiene una pesadilla lo pasa mal hasta que se despierta y se da cuenta de que su sueño no formaba parte de la realidad. Un niño en una situación semejante, lo pasa peor pues su capacidad de reacción no es lo suficientemente amplia para comprender qué parte de lo que estaba ocurriendo por su mente forma parte de la realidad y cuál no. Las causas de las pesadillas infantiles son infinitas, aunque suelen ir unidas a un proceso de cambio, de preocupación y de inseguridad por parte del pequeño. Una condición nueva en el colegio, una crisis familiar, la separación de los padres o cualquier situación extrema se pueden traducir en pesadillas. Conocer cuál es la causa será fundamental para atajar el problema. Para ello es clave la comunicación con profesores y familiares que estén en continuo contacto con el pequeño para averiguar qué le preocupa. En estas ocasiones, hablar con el niño sobre lo que sueña da como respuesta un cúmulo de situaciones inconexas que no permiten hacernos una idea de su problema. Sin embargo, el mero hecho de hablarlo con el niño puede suponer que desaparezcan estas pesadillas. Caso aparte son los terrores nocturnos como el miedo a la oscuridad en los que habrá que tener mucha paciencia. En este caso, hay un debate abierto sobre la posibilidad o no de que la violencia televisiva afecte a los niños. La situación más extrema es el sonambulismo, para lo que es necesaria la ayuda de un profesional. Sin embargo, en todas ellas existe la posibilidad que el pequeño las utilice como mero instrumento de llamar la atención y conseguir que sus padres, por cansancio o por mero instinto de sobreprotección, acaben rindiéndose a sus exigencias. La pena hacia los hijos suele ser el primer paso para conseguir que actúen de una forma mucho más infantil e inmadura de lo que les corresponde. Tener un hijo ya supone una obligación, una situación de dependencia que hasta ahora nunca se había tenido. Los padres deben ser los responsables de su alimentación, su educación y su desarrollo físico y emocional. Sin embargo, si además, se peca de sobreprotección, el niño lejos de desarrollar con normalidad su personalidad empleará el chantaje emocional como instrumento para conseguir cualquier fin.

Desde su nacimiento hasta que alcanzan cierta edad, los niños son una fuente de noches de insomnio por causas muy diferentes. La paciencia, la comunicación y la observación del pequeño durante su desarrollo físico y emocional serán fundamentales para que papá y mamá puedan descansar. Felices sueños.

 

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