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Qué somier elegir con problemas de espalda

Cuando duele la espalda, casi todo el mundo mira al colchón. Pero el somier es la mitad de la ecuación: es lo que sostiene el colchón y, por tanto, lo que determina si ese colchón trabaja como debe. Un somier hundido o inadecuado puede arruinar el mejor colchón del mercado y hacer que te levantes cada mañana peor de lo que te acostaste.

 

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Respuesta rápida: si tienes problemas de espalda, lo más recomendable es un somier de láminas de haya con separación estrecha entre láminas, refuerzo y patas centrales y reguladores de firmeza en la zona lumbar, que permiten ajustar el soporte justo donde más lo necesitas. Si tus molestias se alivian al elevar las piernas o el tronco, un somier articulado puede aportar un beneficio adicional importante.

 

Por qué el somier influye en el dolor de espalda

El colchón se adapta a tu cuerpo, pero el somier decide sobre qué superficie lo hace. Si el somier cede por el centro, el colchón cede con él y la columna queda desalineada por mucho que hayas invertido en un buen descanso. Es un problema silencioso: como el hundimiento aparece poco a poco, casi nadie lo relaciona con las molestias.

 

Hay una comprobación muy sencilla. Quita el colchón y mira el somier desde un lateral, a la altura de los ojos. Si la línea no es recta, si alguna lámina está partida o descolocada, o si el somier cruje y se mueve al apoyarte, ya tienes buena parte de la explicación.

 

Tipos de somier y cuál conviene si te duele la espalda

Somier de láminas de madera

Es la opción más extendida y, en general, la más recomendable para problemas de espalda. Las láminas de haya multilaminada tienen una curvatura que les da flexibilidad y capacidad de recuperación: ceden bajo el peso y vuelven a su sitio. Esto permite que el colchón acompañe las curvas del cuerpo en lugar de trabajar sobre una tabla rígida. Además transpiran muy bien, lo que alarga la vida del colchón.

 

Somier multiláminas

Es una variante del anterior con láminas más numerosas y estrechas, montadas sobre tacos flexibles que trabajan de forma más independiente. Ofrece una adaptación más precisa por zonas y suele ser una excelente elección para molestias lumbares o cervicales, aunque su precio es algo mayor.

 

Somier articulado

Permite elevar de forma independiente la zona de la cabeza y la de las piernas, manualmente o con motor. Para muchas personas con problemas de espalda es una gran ayuda, sobre todo porque elevar ligeramente las piernas descarga la zona lumbar y reduce la tensión en la parte baja de la espalda. También facilita levantarse de la cama, algo nada menor cuando el dolor limita el movimiento.

 

Conviene tener en cuenta dos cosas: necesita un colchón flexible y compatible (viscoelástico, látex o espumación; los de muelles tradicionales no suelen serlo) y no todas las molestias mejoran con la misma postura, así que si puedes probarlo antes, mejor.

 

Base tapizada y canapé

Ofrecen una superficie rígida y continua, muy estable, que no cede por zonas. Son perfectamente válidos si el colchón es de calidad y la estructura está bien reforzada, y en el caso de los canapés abatibles ganas además un almacenaje muy útil. Su punto débil frente a las láminas es la transpiración, por lo que conviene elegir modelos perforados o con tapizado 3D.

 

El somier metálico de muelles

Es el clásico somier de rejilla o de muelles que todavía sobrevive en muchas casas. Si tienes problemas de espalda, es el que más conviene descartar: se deforma con facilidad, genera hamaca por el centro y no ofrece un soporte homogéneo.

 

En qué fijarse: los detalles que marcan la diferencia

La separación entre láminas

Es probablemente el detalle más importante y el que menos se mira. Cuanto más juntas estén las láminas, más uniforme será el soporte y menos tenderá el colchón a hundirse entre ellas. Como referencia, conviene que la separación no supere los 7 centímetros. Con colchones viscoelásticos o de látex, que son más flexibles, esta separación estrecha es aún más importante.

 

El número de láminas

Más láminas significa mejor reparto del peso. En una cama de matrimonio de 135 o 150 cm, un somier con menos de veintitantas láminas suele quedarse corto. Desconfía de los somieres muy económicos con pocas láminas y muy separadas.

 

Los reguladores de firmeza lumbar

Son unas piezas deslizantes que se colocan sobre las láminas de la zona central para endurecerlas. Permiten ajustar el soporte exactamente en la zona lumbar, que es donde más varía la necesidad de una persona a otra. Si tienes molestias en la parte baja de la espalda, es una de las prestaciones que más notarás.

 

Las patas y el refuerzo central

Aquí se juega la durabilidad. Un somier de matrimonio necesita patas centrales además de las cuatro esquinas, y un travesaño de refuerzo en el centro. Sin ellos, el somier acaba pandeando justo por donde más peso recibe. Es la causa número uno de los hundimientos que la gente atribuye erróneamente al colchón.

 

El bastidor

Los bastidores metálicos con perfil reforzado suelen aguantar mejor que los de tubo fino. Fíjate también en que los tacos que sujetan las láminas sean de goma o de polipropileno de calidad, porque son la pieza que primero se rompe con el uso.

 

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Somier y colchón trabajan juntos

Ningún somier funciona bien con cualquier colchón. Estas son las combinaciones más habituales:

  • Colchón viscoelástico o de espumación: necesita láminas juntas o una base continua. Si las láminas están muy separadas, el colchón se marca y se deforma.
  • Colchón de látex: agradece la ventilación de las láminas y funciona muy bien con somieres multiláminas y con articulados.
  • Colchón de muelles ensacados: necesita una base firme y estable. La mayoría no son compatibles con somieres articulados.
  • Colchón de muelles tradicionales: conviene una base rígida y continua, tipo canapé o base tapizada.

Consulta siempre las recomendaciones del fabricante del colchón, porque montar el colchón sobre una base inadecuada puede invalidar la garantía.

¿Cuándo hay que cambiar el somier?

Mucha gente cambia el colchón y conserva el somier antiguo, que es precisamente lo que suele estar causando el problema. Señales de que toca renovarlo:

  • Alguna lámina está partida, agrietada o se ha salido de su taco.
  • El somier cruje o se mueve al cambiar de postura.
  • Se aprecia un hundimiento visible por el centro al mirarlo de perfil.
  • Tiene más de diez años, aproximadamente la misma vida útil que un colchón.
  • Estrenaste colchón hace poco y no notas la mejora que esperabas.

Como norma general, si cambias de colchón conviene renovar también el somier. Es la forma de que el colchón nuevo rinda como está diseñado y de que la garantía te cubra.

El resto del conjunto también cuenta

El somier y el colchón son la base, pero la almohada es la que mantiene alineado el cuello, y una cervical mal apoyada acaba tensando toda la espalda. Si tu colchón sigue en buen estado pero ha perdido acogida, un topper puede corregir la sensación de firmeza sin necesidad de cambiarlo entero, aunque conviene recordar que un topper nunca arregla un somier hundido.

 

Checklist para elegir tu somier

  1. Comprueba primero el estado del somier actual mirándolo de perfil, sin colchón.
  2. Elige láminas de haya multilaminada con separación inferior a 7 cm.
  3. Asegúrate de que lleve patas centrales y travesaño de refuerzo.
  4. Valora los reguladores de firmeza lumbar si tus molestias son en la zona baja.
  5. Considera un somier articulado si notas alivio al elevar las piernas.
  6. Verifica la compatibilidad con tu tipo de colchón antes de comprar.
  7. Si vas a estrenar colchón, renueva también el somier.

Preguntas frecuentes

¿Qué somier es mejor para el dolor de espalda?

En general, un somier de láminas de haya multilaminada con separación estrecha entre láminas, patas y refuerzo central, y reguladores de firmeza en la zona lumbar. Los somieres multiláminas ofrecen una adaptación aún más precisa, y los articulados son muy útiles si tus molestias mejoran al elevar las piernas.

 

¿Es mejor un somier duro o flexible si me duele la espalda?

Ni rígido ni blando: lo que necesitas es un soporte firme pero con cierta flexibilidad, que permita al colchón adaptarse a las curvas del cuerpo sin hundirse. Una base totalmente rígida impide que el colchón trabaje, y una que cede por el centro desalinea la columna. Los reguladores de firmeza lumbar te permiten ajustar ese punto medio.

 

¿Ayuda un somier articulado con el dolor lumbar?

A muchas personas sí, porque elevar ligeramente las piernas descarga la zona lumbar y reduce la tensión en la parte baja de la espalda. También facilita mucho entrar y salir de la cama. Eso sí, requiere un colchón compatible y flexible, y no todas las molestias mejoran con la misma postura, así que lo ideal es probarlo.

 

¿Cuánta separación debe haber entre las láminas del somier?

Lo recomendable es que no supere los 7 centímetros. Cuanto más juntas estén, más uniforme será el soporte y menos tenderá el colchón a hundirse entre ellas. Es especialmente importante con colchones viscoelásticos o de látex, que son más flexibles.

 

¿Hay que cambiar el somier al cambiar el colchón?

Como norma general, sí. Un somier antiguo o hundido transmite su deformación al colchón nuevo, impide que rinda como está diseñado y en muchos casos puede invalidar la garantía. Si el somier tiene más de diez años o notas hundimientos, cámbialo junto con el colchón.

 

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Si el dolor de espalda es intenso, persistente o se acompaña de hormigueo, entumecimiento o dolor irradiado a las piernas, consulta con tu médico o fisioterapeuta.